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sábado, 24 de diciembre de 2022

viernes, 23 de diciembre de 2022

El Gobierno del Principado vuelve a engañar a los empleados públicos con la implantación del teletrabajo

A fines del pasado mes de junio la Dirección General de Función Pública del Gobierno del Principado anunciaba que el teletrabajo estaría implantado en la Administración asturiana en otoño. Ya estamos en invierno y el Decreto regulador sigue sin estar aprobado, sin que nadie de explicaciones sobre las causas del retraso.

El Conceyu por Otra Función Pública n´Asturies, en un comunicado difundido el paso 10 de agosto con ocasión del anuncio de medidas de ahorro energético por parte del Gobierno del Sr. Barbón, entre ellas, la aplicación del teletrabajo, ya advertía que ese anuncio era una burla en toda regla hacia sus trabajadores públicos.

En efecto, en el mes de mayo del año 2021 el vicepresidente Cofiño declaraba en la Junta General que “en muy pocas semanas” se publicaría en el Boletín Oficial el Decreto que regularía el teletrabajo en la Administración del Principado de Asturias (ver aquí)

Más de un año después el Gobierno continuaba sin aprobar dicho Decreto, que ha sido tramitado con una lentitud irritante, buscando retrasar el mayor tiempo posible la aprobación y entrada en vigor de la norma reguladora. No deja de ser llamativo que el Gobierno que dice haber declarado la “guerra a la burocracia”, haya puesto todos los obstáculos burocráticos posibles para impedir la rápida implantación del teletrabajo en la Administración asturiana. 

El anuncio de mayo de 2021 se incumplió flagrantemente y el del pasado verano también. 

Si tenemos en cuenta que el Decreto que actualmente tramita el Gobierno del Principado (ver aquí) ni siquiera contempla su entrada en vigor inmediata, si no que lo hará a los veinte días de su publicación y, además, impone como obligación que la solicitud se presente, al menos, con una antelación de 2 meses al comienzo del periodo de prestación de servicios en la modalidad de teletrabajo que se solicita (artículo 5.1), es evidente que tampoco se podrá aplicar durante el invierno que acabamos de estrenar.

¿Pretende el Gobierno del Sr. Barbón utilizar el teletrabajo de los empleados público como una mercancía electoral, haciendo coincidir su puesta en marcha con la precampaña de la próxima primavera? Todo apunta a que por ahí va su estrategia, usando un derecho reconocido en el Estatuto Básico del Empleado Público como instrumento clientelar para la captura de votos.

Una maniobra populista y demagógica, especialmente deleznable cuando el Gobierno del  Principado acaba de anunciar hace unos días la puesta en marcha de una campaña para captar nómadas digitales, es decir, profesionales vinculados al ámbito de las nuevas tecnologías que quieran teletrabajar desde Asturias. 

¿Cómo se puede creer en la fiabilidad de esta campaña si el Gobierno del Principado ni siquiera cumple con los compromisos adquiridos sobre el teletrabajo con sus propios trabajadores? 


viernes, 16 de diciembre de 2022

LA DIRECCIÓN PÚBLICA EN UN ESTADO CLIENTELAR DE PARTIDOS

Rafael Jiménez Asensio (Consultor Institucional/Catedrático acreditado de Universidad) 

“El método democrático crea políticos profesionales, a los que convierte después en administradores y ‘hombres de Estado’ amateurs. Peor aún (…) las cualidades de inteligencia y de carácter que convierten a alguien en un buen candidato no son necesariamente las mismas que le convierten en un buen administrador” (Schumpeter, 2015, 98). 

El presente artículo tiene por objeto analizar las dificultades materiales en la implantación de la dirección pública profesional en un sistema político administrativo asentado sobre bases del clientelismo político o del patronazgo. El hilo conductor de este trabajo es el papel que, directa o indirectamente, han tenido y tienen los partidos políticos en el control de la alta Administración, una tendencia generalizada, pero que adquiere unas dimensiones cuantitativas y cualitativas muy superiores en nuestro contexto institucional, que bien se puede calificar, así, como un “Estado clientelar de partidos”. Este contexto descrito es una de las principales causas que explica el fracaso de los tímidos intentos de profesionalización de los niveles directivos ensayados en España en la última década y, por tanto, muestra las dificultades efectivas para que las Administraciones Públicas españolas se homologuen, en este punto, a las democracias avanzadas, rompiendo un pesado legado institucional, cuyos efectos patológicos no han hecho sino incrementarse con el paso del tiempo. 

SUMARIO 
1.- Preliminar 
2.- Los partidos y sus mutaciones: un breve apunte 
3.- Las tesis de García Pelayo sobre el Estado de partidos, la alta Administración y los altos cargos: planteamiento y (parcial) refutación.
4.- Evolución reciente del Estado de partidos y su incidencia sobre la alta Administración. 
5.- Final: ¿Es posible implantar una Dirección Pública Profesional en el marco de un Estado clientelar de partidos? 

lunes, 5 de diciembre de 2022

Empleo público para paliar el deterioro del Estado social en Asturias

 El proyecto de Presupuestos Generales del Principado de Asturias crea 2.983 plazas de personal fijo para reforzar los servicios esenciales de sanidad, bienestar social, educación y justicia 

Javier Álvarez Villa

Nortes, 3 diciembre 2022


martes, 22 de noviembre de 2022

¿Debe la alta función pública parecerse a la sociedad? Algunas enseñanzas de la reforma de la alta función pública en Francia

                                                                                   Jorge Crespo González

Universidad Complutense de Madrid (España)

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5451-6489


https://revistasonline.inap.es/index.php/DA/article/view/11022/12100


CONCLUSIONES

En este estudio hemos analizado la alta función pública, su noción e importancia desde el punto de vista político y administrativo, y la necesidad de incorporar diversidad a la misma para que los ciudadanos, con independencia de sus recursos, puedan tener un acceso equitativo no solo a los resultados de las acciones públicas, sino también al sistema político-administrativo del Estado.

Hemos definido la alta función pública en nuestro entorno como aquellos cuerpos integrados por funcionarios con alta cualificación y profesionalidad que desempeñan los puestos de mayor poder administrativo. Se ha constatado que tanto por sus funciones, por su proximidad al proceso decisorio y por considerarse un buen trampolín para acceder a la política electiva, es crítico el examen de las condiciones de reclutamiento y selección de este colectivo, de manera que los sesgos que incorporan (entre ellos la procedencia territorial o de carácter socio-económico) ubicarían la discusión no solo en un escenario técnico (¿el sistema selecciona realmente a los mejores?), sino de democracia (¿el sistema selectivo genera per se, o agrava, la situación de algunos estratos sociales en su relación con la política?).

En España hemos visto como la alta función pública del Estado, ilustrada fundamental en este estudio por el Cuerpo de Administradores Civiles del Estado, tiene varios sesgos. En lo que se refiere al territorial (procedencia de los integrantes de ese cuerpo) se constatan desequilibrios de infrarrepresentación de algunas regiones (Cataluña, Extremadura y Canarias) respecto de otras, siendo palmaria, a efectos de sobrerrepresentación la región de Madrid. Y sorprende que esta situación prácticamente no haya sufrido cambios en los últimos 50 años, creación del Estado Autonómico incluida. En lo relativo al sesgo socioeconómico, los estudios muestran cómo la alta función pública está conformada muy mayoritariamente por personas procedentes de entornos acomodados, lo que se ve facilitado además por el propio sistema selectivo que impone costes importantes a los candidatos, en términos formativos y de preparadores, además de la espera de varios años hasta el posible aprobado. También, aunque con matices, se encuentran sesgos en materia de género y discapacidad. A pesar de ello, en España poco se ha hecho por disminuir estos sesgos territoriales y socioeconómicos, salvo la toma de consciencia y alguna iniciativa eventual como la del Ministerio de Justicia, que ha ofrecido becas a opositores a Jueces, Fiscales y Secretarios Judiciales, a través del Centro de Estudios Jurídicos18, y la descentralización de algunas pruebas de acceso.

Sin embargo, en Francia en los últimos años se está emprendiendo una reforma muy ambiciosa de la alta función pública, en que se busca, entre otros objetivos, conseguir que la Administración se parezca a la sociedad francesa. En esa línea se han tomado decisiones de gran calado simbólico, como la supresión de la elitista ENA, y la aparición del ISP. Se trata de una refundación más que de una reforma, que pretende crear una alta función pública menos compartimentada (con una fuerte cultura de servicio público común), con carreras más atractivas y más diversa. Sobre este último aspecto, que es el que más interesa a este trabajo, cabe decir que la creación del Dispositivo Talents, y la dispersión de las clases de preparación del acceso a la alta función pública por toda la geografía francesa, parecen un instrumento poderoso para intentar disminuir el déficit existente de candidatos procedentes del medio rural y de clases modestas, pero todavía es pronto para conocer los resultados. En lo que concierne a la identificación de lo que hacen los altos funcionarios con las necesidades de la sociedad, el diseño de una carrera profesional que obliga a aterrizar sobre el terreno, saliendo forzosamente de Paris, junto a la creación de carreras externas al sector público (tanto de entrada, como de salida), podría tener efectos benéficos para la adaptación de las acciones públicas a los contextos reales, pero de nuevo es pronto para evaluar los resultados. Finalmente, Esta situación de enérgico cambio contrasta con la situación de apatía, escepticismo e inercia que impera sobre la reforma de alta función pública española, de quien puede discutirse que represente a la sociedad en lo que es, y en lo que hace.

¿Debe la alta función pública parecerse a la sociedad? Algunas enseñanzas de la reforma de la alta función pública en Francia

 Jorge Crespo González es Profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid (UCM)

El artículo se publicó en el número 8 (Nueva época) de la revista Documentación Administrativa (INAP, Enero-Diciembre 2021)

El presente articulo versa sobre la alta función pública a la luz de la reforma de la misma que en la actualidad se desarrolla en Francia, extrayendo las enseñanzas pertinentes para el caso español. El análisis se centra en responder a las siguientes preguntas de investigación: ¿debe la alta función pública parecerse a la sociedad a la que sirve? y ¿en qué medida la reforma francesa desprende buenas prácticas importables a nuestra alta función pública? Y todo ello enmarcado en la hipótesis de que una sesgada selección de altos funcionarios representa no solo un problema técnico, sino de democracia. Uno de los principales hallazgos del trabajo sugiere la importancia de la alta función pública no solo por lo que hace, sino como instrumento para que los ciudadanos, con independencia de sus recursos, puedan tener un acceso equitativo a las funciones políticas, dada la interpenetración de la alta burocracia con la política y los políticos.


TEXTO COMPLETO EN:
https://laadministracionaldia.inap.es/noticia.asp?id=1512943

jueves, 3 de noviembre de 2022

La venganza

 

Gregorio Morán                                             Gregorio Morán