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miércoles, 27 de julio de 2016

Es falso que el puesto de gerente del HUCA se convoque por concurso



Hoy miércoles 27 de julio vuelven a publicarse noticias sobre la nueva convocatoria para cubrir el puesto de Gerente del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) en las que se indica que se hace por “concurso”. Esta afirmación es falsa porque el sistema utilizado es el de “libre designación” y no el de “concurso de méritos” y genera confusión en la opinión pública, pues se quiere dar a entender que necesariamente se elegirá al candidato con mayores méritos cuando la “libre designación" (comúnmente conocida como nombramiento a dedo) ofrece un amplio margen de discrecionalidad a la hora de escoger entre los aspirantes al puesto.

Las diferencias entre el sistema de provisión por concurso de méritos y el de libre designación son sustanciales. Citaremos dos particularmente relevantes para entender el asunto que nos ocupa:
-         En el concurso la convocatoria va acompañada de un baremo de los méritos que se toman en consideración, de tal manera que la valoración de los mismos es objetiva y no deja margen a la discrecionalidad en la elección del candidato que resulte más idóneo. Por el contrario, en la convocatoria por libre designación no es necesario que figure baremo alguno – como se puede comprobar leyendo la referida al puesto de Gerente -, pues el Órgano competente para decidir puede apreciar discrecionalmente la idoneidad de los candidatos en relación con los requisitos exigidos para el desempeño del puesto.
-         Mientras que el concurso no puede dejarse desierto si existe algún candidato que alcance la puntuación mínima exigida en la convocatoria, esa posibilidad sí cabe en las convocatorias por libre designación, aunque existan candidatos perfectamente cualificados para el desempeño del puesto. Ello explica que las autoridades sanitarias asturianas hayan decidido no nombrar a ninguno de los trece aspirantes al puesto de Gerente del HUCA, dejando desierta la anterior convocatoria, a pesar de que, por lo que se conoce, algunos de ellos tenían currículos profesionales que les hacían perfectamente idóneos para ello.
   
      La sentencia del Tribunal Supremo de 25 de marzo de 2010, que adjuntamos (ver aquí), explica muy bien estas diferencias entre uno  y otro sistema de provisión de puestos.
   
     El Gobierno de D. Javier Fernández convocó el puesto de gerente del HUCA por libre designación y como ninguno de los trece candidatos presentados eran de su gusto, se acogió a la posibilidad legal de dejar desierta la convocatoria, lo que no hubiera sido posible si se hubiera convocado un concurso de méritos.
    
     Por tanto, el Gobierno del Principado ha actuado con total coherencia: quería y quiere nombrar al Gerente del HUCA con criterios de discrecionalidad y no mediante un baremo objetivo de méritos, por lo que realiza una nueva convocatoria, también por libre designación, por supuesto, en la que, ahora sí, pueda presentarse un candidato o candidata que le resulte cómodo.

La historia de la convocatoria del puesto de Gerente del HUCA es muy distinta a la que hasta ahora se nos ha contado. En el Conceyu por Otra Función Pública n´Asturies confiamos en que aun se está a tiempo de contar la verdad. Los ciudadanos y ciudadanas de Asturias lo merecen.

domingo, 24 de julio de 2016

Oferta de empleo no sanitario

Jesús González Palomares (Avilés)
Uno, que no tiene estudios superiores, intenta descifrar dentro de su contexto, uno de los párrafos del informe que acompaña a la propuesta de ampliación de empleo público para el Principado de Asturias en 2016. Dice así: Asimismo, la determinación del número de puestos a ofertar por cada escala viene determinada por la ponderación de la incidencia porcentual que representa el valor numérico de los puestos adscritos respectivamente a los mismos sobre el total de efectivos dotacionales totales. Aunque el mencionado informe no está hecho para que lo entienda el común de los mortales, el tema no es baladí, ya que intenta explicar el porqué de la raquítica oferta de empleo público de 2016. Jergas aparte, y en lo concerniente a la Consejería de Sanidad a la cual pertenezco, he de decir que dicha oferta es, siendo comedidos en el leguaje, una tomadura de pelo. Proponen un total de 522 plazas de nuevo ingreso, de las que 333 corresponden a facultativos especialistas, médicos de familia, de urgencias y pediatras, las 189 restantes deben repartirse entre las categorías estatutarias que, en base al abstruso informe, deben convocarse. Sin duda, el colectivo médico ocupa el eje central del sistema sanitario y la carencia de algunos especialistas repercute directamente en las listas de espera y en la calidad asistencial, pero ¿sería posible un sistema sanitario sin auxiliares, celadores, administrativos, cocineros, matronas, fisioterapeutas, enfermeras, personal de oficio o técnicos especialistas? La respuesta es obvia, pero la falta o el incumplimiento de acuerdos y la nefasta política de empleo público llevada a cabo por la Administración regional han hecho posible que desde 2002, fecha del traspaso de competencias en materia sanitaria al Principado, éste no haya convocado ni una sola plaza a concurso-oposición libre de las categorías no sanitarias. El cero absoluto. Las comparaciones con otras comunidades son vergonzantes. Como es vergonzante que la oferta pública de empleo de 2008 esté sin resolver en todas las profesiones con dotación de plazas a convocar, para las que había incluso fechas de publicación. Como vergonzante es que estemos hablando de dos ofertas de empleo en 14 años, resueltas sólo parcialmente. Las explicaciones con las que la Administración intenta justificar esta situación se basan en los cálculos de la tasa de reposición de profesionales y en informes jurídicos de sentencias en otras comunidades autónomas, es decir, que la culpa no la tienen ellos, sino las rígidas normativas que en Asturias han impedido convocar empleo público no sanitario, cuando en el resto del territorio español se han desarrollado múltiples procesos selectivos en prácticamente todas las categorías. Esta manera de actuar ha provocado la huida de profesionales a otros servicios de salud, buscando la estabilidad y el desarrollo profesional a los que no tienen acceso en el Principado, y al que pocos regresan una vez establecidos, como se pudo comprobar en el último concurso de traslados, en el que se ocuparon apenas la mitad de las plazas, y no precisamente por la profusión de las convocatorias. Está claro que si seguimos disparándonos en los pies no podremos avanzar, a no ser que la estrategia de nuestros gobernantes sea esa, buscando a corto o medio plazo la privatización de servicios sanitarios y el fin de la igualdad, mérito y capacidad como modelo de acceso a la función pública. No obstante, para cualquier aclaración, les recomiendo que estén atentos a la próxima publicación en el B.O.P.A. de esta oferta de empleo para 2016 y que la lean en compañía de un jurista especializado y un eminente matemático, que puedan descifrar los motivos por los que nuestro Gobierno regional es incapaz de dar respuesta a la carencia de profesionales en la sanidad asturiana.

Jesús M. Glez. Palomares
Delegado SICEPA /SAIF Área Sanitaria III, Avilés

jueves, 21 de julio de 2016

El Gobierno del Principado debe dar todos los datos sobre la Oferta de Empleo Público



El Gobierno asturiano acaba de anunciar la aprobación de una Oferta de Empleo Público (OEP) para el año 2016 de 1.037 plazas, de las que 777 estarían destinadas al Servicio de Salud (SESPA) y 260 al resto de sectores de la Administración autonómica.

Según manifiesta la consejera de Hacienda, Sra. Carcedo, “el Principado oferta así el mayor número de plazas que permite la Ley de Presupuestos Generales del Estado para este ejercicio, en función de la tasa de reposición fijada para los distintos ámbitos y sectores”

Sin embargo, el Gobierno asturiano no hace públicos los datos mínimos imprescindibles para acreditar la veracidad de sus afirmaciones, pues para ello debería dar a conocer los datos utilizados para el cálculo de la tasa de reposición en cada uno de los sectores de la Administración Pública del Principado de Asturias.

Recordamos que la Ley de Presupuestos Generales del Estado para el año 2016 (ver aquí) permite en su artículo 20 una tasa de reposición de hasta el 100 por 100 entre otros, en los sectores de la sanidad y el educativo, y para actividades con un contenido tan amplio como son el “control y lucha contra el fraude fiscal, laboral, de subvenciones públicas y en materia de Seguridad Social, y el control de la asignación eficiente de los recursos públicos” o “el asesoramiento jurídico y la gestión de los recursos públicos”.

A la vista de esta regulación legal, resulta incuestionable que el Gobierno del Principado podía haber incorporado a la OEP un número elevado de puestos actualmente vacantes con funciones de asesoramiento jurídico, económico, contable, de control de subvenciones o vinculados a la gestión de los recursos públicos de la Comunidad Autónoma, y no lo ha hecho.

Por poner un ejemplo que resulta clarificador, no consta la incorporación a la OEP de plazas del Cuerpo Superior de Administradores, que es el cuerpo que tiene atribuidas funciones de gestión, inspección, asesoramiento jurídico y control de nivel superior en el Principado de Asturias, a pesar del elevado número de puestos vacantes dentro de dicho Cuerpo. De esta forma, se mantiene deliberadamente la situación de precariedad de una parte relevante de la plantilla, impidiendo a quienes actualmente ocupan los puestos en situación de interinidad y al resto de aspirantes el acceso a esos puestos con carácter fijo, mediante  pruebas libres en condiciones de igualdad, mérito y capacidad.

A la luz de lo expuesto, el Conceyu por Otra Función Pública n´Asturies considera que la información ofrecida por el Gobierno del Principado de Asturias sobre la OEP del año 2016 es opaca y resulta manifiestamente insuficiente para poder valorar el alcance real del número de puestos aprobados en relación con los que resultaría legalmente posible incorporar en aplicación de la tasa de reposición vigente.

Por ello, instamos al Gobierno del Sr. Javier Fernández ha hacer públicos los datos, todos los datos. Luz y taquígrafos.

viernes, 8 de julio de 2016

Exigimos rigor informativo sobre la convocatoria del puesto de Gerente del HUCA



El reciente anuncio por parte de los responsables políticos de la sanidad asturiana de que dejarán desierta la convocatoria del puesto de Gerente del Área Sanitaria IV (Oviedo) del SESPA, que comporta la Gerencia del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), ha ido acompañado de una sucesión de noticias al respecto en algunos de los principales medios de comunicación asturianos que, a nuestro juicio, carecen del rigor exigible para que una información pueda reputarse como veraz y para que no genere confusión en la opinión pública.

De entrada, en estas noticias se afirma que el SESPA había convocado en el mes de mayo un concurso para la provisión del puesto de Gerente del HUCA, que quedó desierto a pesar de que se habían presentado trece candidatos. Esta información es manifiestamente errónea, pues la convocatoria del puesto en cuestión no fue por el sistema de concurso de méritos sino por el de “libre designación” (lo que, coloquialmente se conoce como nombramiento a dedo).  La simple lectura de la base primera de la convocatoria publicada en el BOPA de 4 de mayo de 2016 despeja cualquier duda, incluso para quienes no sean expertos en la materia: se convoca por el procedimiento de libre designación para su provisión el puesto de Gerente del Área Sanitaria IV (Oviedo)

Las diferencias entre el sistema de provisión por concurso de méritos y el de libre designación son sustanciales. Citaremos dos particularmente relevantes para entender el asunto que nos ocupa:
-         En el concurso la convocatoria va acompañada de un baremo de los méritos que se toman en consideración, de tal manera que la valoración de los mismos es objetiva y no deja margen a la discrecionalidad en la elección del candidato que resulte más idóneo. Por el contrario, en la convocatoria por libre designación no es necesario que figure baremo alguno – como se puede comprobar leyendo la referida al puesto de Gerente -, pues el Órgano competente para decidir puede apreciar discrecionalmente la idoneidad de los candidatos en relación con los requisitos exigidos para el desempeño del puesto.
-         Mientras que el concurso no puede dejarse desierto si existe algún candidato que alcance la puntuación mínima exigida en la convocatoria, esa posibilidad sí cabe en las convocatorias por libre designación, aunque existan candidatos perfectamente cualificados para el desempeño del puesto. Ello explica que las autoridades sanitarias asturianas hayan decidido no nombrar a ninguno de los trece aspirantes al puesto de Gerente del HUCA, a pesar de que, por lo que se conoce, algunos de ellos tenían currículos profesionales que les hacían perfectamente idóneos para ello.

Pero algunos de los principales medios asturianos de comunicación se han empecinado en los últimos días en mantener y profundizar la información errónea, cuando atribuyen al Gobierno del Principado la decisión de cambiar el procedimiento de provisión del puesto de Gerente del HUCA después de declararlo desierto, de tal manera que el mismo pasaría a ser nombrado por libre designación en lugar de por concurso. Obviamente, este cambio de criterio imputado al Gobierno de D. Javier Fernández es falso: las autoridades sanitarias asturianas convocaron el puesto de gerente del HUCA por libre designación y como ninguno de los trece candidatos presentados eran de su gusto, se acogió a la posibilidad legal de dejar desierta la convocatoria, lo que no hubiera sido posible si se hubiera convocado un concurso de méritos.

En contra de lo que se dice en la prensa asturiana, el Gobierno del Principado ha actuado con total coherencia: quería y quiere nombrar al Gerente del HUCA con criterios de discrecionalidad y no de objetividad, por lo que realizará una nueva convocatoria, también por libre designación por supuesto, en la que, ahora sí, pueda presentarse un candidato o candidata que le resulte cómodo.

La historia de la convocatoria del puesto de Gerente del HUCA es muy distinta a la que hasta ahora se nos ha contado. En el Conceyu por Otra Función Pública n´Asturies confiamos en que aun se está a tiempo de contar la verdad. Los ciudadanos y ciudadanas de Asturias lo merecen.






sábado, 2 de julio de 2016

Un libro incómodo para el Instituto Adolfo Posada




Javier Álvarez Villa

Hace ahora dos años publiqué un libro en el que demuestro el papel central que juega la burocracia pública en el funcionamiento del capitalismo clientelista del presente, articulado sobre el intercambio de favores entre el poder político y el poder económico.

La burocracia, lejos de ser el poder neutral e imparcial con el que soñaba Max Weber, se acerca más –particularmente, la elite de burócratas – a la concepción marxista de clase. El mecanismo de la “cooptación”, es decir, del control de los accesos a ese elite burocrática selecta por parte de los integrantes de la misma, para evitar incorporaciones poco complacientes con sus intereses corporativos y la proliferación de puestos de libre designación o nombrados a dedo, son procedimientos que refuerzan el poder de los burócratas y su alianza clientelista con la casta política.

En el intercambio de favores entre la clase o casta política y el poder económico  – regulaciones legales a la carta, subvenciones, recalificaciones urbanísticas, contratos etc., a cambio de apoyo mediático, financiero, publicitario etc. -, la burocracia juega un papel principal, asesorando y seleccionado los mecanismos legales adecuados para que las transacciones pactadas puedan llegar a buen puerto.

El Botín de la Función Pública. Una aproximación al clientelismo laboral en la Administración asturiana, no es un libro dirigido a funcionarios o a entendidos en gestión pública, sino más bien a todos aquellos que quieran comprender las claves que explican la estructura del poder en la sociedad actual y, sobre todo, a los que aspiran a cambiar las reglas del juego. Por ello, hasta ahora solo habrá interesado a un grupo selecto de defensores del orden y a unos pocos rebeldes enterados.

Siendo este el propósito del libro, decidí que debía difundirse gratuitamente en la red. No pretendía vender unas decenas de ejemplares y caer en el olvido a los pocos días, sino ofrecer a los activistas políticos de hoy, de mañana y de las próximas generaciones, una herramienta útil para comprender la realidad y actuar en consecuencia. Por eso, a diferencia de la gran mayoría de los libros que ahora se publican, este irá ganando interés y lectores con el tiempo.

En el plano teórico, El Botín de la Función Pública es deudor de las aportaciones de varios maestros. En este plano me he limitado a hacer las conexiones pertinentes y a sacar algunas conclusiones que permiten identificar las características esenciales del entramado político - económico dominante, presupuesto para trazar líneas de acción para combatirlo en serio.

De otra parte, el libro es pionero en cuanto aborda una parte sustancial de la historia política asturiana de los tres últimas décadas, desde la preautonomía hasta el final del arecismo (año 2011), en concreto, aquella que tiene que ver con la densa trama de relaciones político – burocráticas que se han ido tejiendo desde aquella temprana fecha y que sirven de soporte estructural a ese “cableado” clientelar por el que discurren las relaciones socioeconómicas de la comunidad asturiana. Saca a la luz lo que había estado convenientemente tapado.

Dos años después de su publicación el libro solo ha cosechado silencio. Era, indudablemente, lo esperado por el autor, pues todos los críticos que podían decir algo debían darse necesariamente por aludidos: el régimen clientelar asturiano no ha dejado a ningún experto sin su premio. Tengo que reconocer que han sido muy pocos los comentarios recibidos, pero algunos, como el del interventor Fernando Urruticoechea, un luchador insobornable frente a la corrupción administrativa, que lo califica de trabajo "intelectualmente emocionante", me han confirmado en que no he dado palos de ciego.

Una excepción reciente a este mutismo demuestra el funcionamiento de corte siciliano de la clase político – burocrática asturiana: el Instituto Asturiano de Administración Pública Adolfo Posada acaba de valorar positivamente el libro, obligado por la amenaza judicial.

En el año 2015 la Consejería de Hacienda y Sector Público publicó unas normas para la valoración de méritos por publicaciones a efectos de la llamada “carrera horizontal” de los funcionarios públicos del Principado. Aunque no tengo ningún interés profesional en esta falsa carrera a la que desprecio, pues no es otra cosa que una pequeña ración de alpiste que se reparte para anestesiar a una mayoría de empleados públicos, mientras la minoría selecta cobra lo más gordo por otras vías, decidí presentar El Botín de la Función Pública a la convocatoria. Era una evidente provocación, pues aunque el libro cumplía con todos los requisitos de la normativa, no dejaba precisamente en buen lugar a esa “carrera profesional” en la que ahora participaba.

La solicitud se registró el 30 de abril del 2015 y el Instituto Adolfo Posada disponía de tres meses para resolver sobre la misma. Transcurrió ampliamente el plazo regulado sin respuesta alguna, por lo que solicité de ese Instituto el certificado acreditativo del silencio y de los efectos del mismo, así como la identificación de la autoridad y del personal bajo cuya responsabilidad se tramitaba el procedimiento.

Aunque la ley obligaba al Instituto Adolfo Posada a emitir el certificado en el plazo de quince días, nuevamente guardó silencio y fue acumulando irregularidades administrativas que, seguramente, serán tenidas muy en cuenta a la hora de valorar la conducta profesional de sus responsables.

El 16 de marzo de este año 2016 dirigí un nuevo escrito al Instituto Adolfo Posada en el que solicito la ejecución del acto firme por silencio administrativo consistente en la valoración con cuatro puntos del libro El Botín de la Función Pública. Aproximación al clientelismo laboral en la Administración asturiana, a efectos de la carrera horizontal del solicitante aplicada al año de su publicación, con expresa advertencia de que de no hacerlo en el plazo de un mes, formularía recurso contencioso – administrativo al amparo del artículo 29.2 de la Ley Jurisdiccional.

El mes transcurrió placenteramente sin noticias del Instituto Adolfo Posada, donde parecía que los papeles que yo firmaba estaban escritos en una lengua indescifrable, por lo que el 19 de abril presenté Demanda ante el Juzgado de lo Contencioso – Administrativo de Oviedo, que fue turnada al Juzgado nº 5. Algún temor ancestral removió entonces el cerebro de los responsables político – burocráticos del Adolfo Posada pues el 5 de mayo recibí la notificación de la resolución dictada por el Director de ese Organismo –hoy ya dimitido, según se dice, por jubilación  – en la que se valora el libro de mi autoría con una puntuación de cuatro puntos.

El Director del Instituto Adolfo Posada y sus acólitos habían descubierto las claves para entender el significado de los escritos que les había dirigido justo en el momento en el que el Juzgado les reclamaba el expediente administrativo. La satisfacción extraprocesal de mi pretensión después de interpuesto el recurso contencioso – administrativo dio por terminado el proceso judicial por Auto de 2 de junio.

El Botín de la Función Pública vale cuatro puntos para el Instituto Adolfo Posada, en una carrera funcionarial sobre la que, entre otras muchas cosas, dice:En esa carrera alocada por la implantación de la “carrera profesional” y por la extensión propagandística de la mentira, el Gobierno del presidente Areces tomó la delantera, de forma fulgurante, a todos los poderes públicos del Estado, llegando al primero a una meta colocada justo en el despeñadero y convirtiéndose en el campeón absoluto de la incompetencia”


jueves, 30 de junio de 2016

Corrupción, entre la luz y la omertà

 ctxt Contexto y Acción

Un dibujo de lo que se dibuja no sólo en Valencia
 
Francesc Miralles

 
Valencia | 28 de Enero de 2016

Dice un viejo chiste que en plena noche un borracho busca sus llaves perdidas bajo la farola no porque crea encontrarlas ahí, sino porque al menos cuenta con luz para intentarlo. La corrupción, lo crean o no, funciona de forma muy similar: sólo aparece en la agenda pública si la sociedad que la sufre --o se beneficia de ella-- tiene el más mínimo interés en poner el foco y levantar alfombras. A pesar de los tópicos sobre el vil extranjero, Italia hizo un esfuerzo por la limpieza a principios de los 90: el macrosumario de Mani Pulite, a cargo de un sector valiente de la judicatura con el apoyo de los medios, hizo volar el régimen de la I República por los aires. La Democracia Cristiana y el Partido Socialista Italiano se disolvieron y Bettino Craxi acabó sus días en Hammamet protegido por su compañero de la Internacional Socialista Ben Alí.

Pero Spain is different, y como en la Esparta de Licurgo, Leónidas y compañía el verdadero delito no es robar, sino que a uno lo pillen con las manos en la masa. Mientras sea capaz de disimular le irá bien y a la larga todos muertos --y amnistiados--. Mientras que en Italia la evidencia de una red masiva de comisiones por contratos públicos y financiación ilegal --el llamado Tangentopoli-- llevó a una catarsis colectiva --si lo que vino después fue mejor o peor es otro debate-- en España no ha tenido ninguna consecuencia práctica sobre la arquitectura del sistema. Hay indicios sólidos de la existencia de una única red estatal de sistema de adjudicaciones de obras y contratos: las mismas constructoras cotizadas en el IBEX, el mismo modus operandi de fundaciones y empresas vinculadas a los partidos recibiendo donaciones en dinero negro; una coincidencia temporal sorprendente en los cuadernos de contabilidad entre donaciones y adjudicaciones de obra, y hasta una tarifa tipo, el 3% del valor. Un savoir faire exportado con éxito a África --demandas, sobrecostes y abandono de contratos en Argelia--, Centroamérica --sobrecostes millonarios en el Canal de Panamá--  y el Desierto Arábigo --sorpresa, más sobrecostes de 6.000 millones en el AVE La Meca-Medina, incluidas las comisiones por su mediación, ingresadas en Suiza, como corresponde, según informó Interviú-- a miembros del entorno de la Corona. Siempre los mismos nombres: FCC, Ferrovial, OHL...

Hay constructoras como FCC y Ferrovial, por ejemplo, que hacen bingo: aparecen en el caso de los sobrecostes del AVE Madrid-Barcelona, en la trama Púnica, en Gürtel-Bárcenas, en el caso de los ERE andaluces y el caso Palau-Convergència. Constituyen el auténtico nexo en común entre todos los grandes sumarios de corrupción del Estado, con el que unos investigadores que se dedicaran a seguir al dinero, como en The Wire, armarían un gran caso. Pero Luis Bárcenas es fuerte y no habla, el sindicalista andaluz Juan Lanzas y el prócer Fèlix Millet guardan el mismo silencio ibérico prudente, y Jordi Pujol advierte de los riesgos que conlleva para todo el árbol hacer caer una rama. La judicatura, por cierto, tampoco desobedece mucho: los mayores riesgos para las instituciones vienen de un juez de instrucción mallorquín empeñado en la igualdad ante la ley. Cuanto más arriba, menos problemas para el poder: milagrosamente el juez interino de la Audiencia Nacional Ruz no estimó relación alguna entre las anotaciones en los papeles de Bárcenas y las adjudicaciones de obra coincidentes en el tiempo.

Ante todo este cuadro, en los tres territorios más poblados del Estado --Andalucía, la Comunidad de Madrid y Catalunya-- los tres partidos protagonistas en los grandes sumarios de corrupción y con los casos abiertos --PSOE, PP y Convergència-- siguen cómodamente instalados en el poder. Los líderes políticos en el momento del esplendor de esas grandes tramas --Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, Artur Mas-- están aún más o menos en activo, y algunos como José Antonio Griñán y Manuel Chaves se retiraron --forzadamente-- hace apenas unos meses. Ninguno de ellos ha sido aún ni siquiera juzgado por estos casos, la mayoría de ellos ni tan siquiera imputado. Múltiples ministros, consejeros y diputados relacionados con tales sumarios siguen en política activa como si nada y más o menos jaleados por la prensa. Pero nada de esto es demasiado relevante si se dispone de un muñeco vudú para exorcizar los problemas y reírse como terapia: a la progresía española siempre le queda el recurrente ¿Cuándo se jodió Valencia?
El País Valenciano, al que no sin cierta razón se compara con Italia --aunque Valencia está hermanada con Bolonia y no con Nápoles como algunos creen--, es el cuarto territorio más poblado del Estado, con cinco millones de habitantes. Pero a diferencia de los tres territorios más poblados, el partido responsable de sus grandes casos de corrupción, el PP, ha sido desalojado del Gobierno autonómico y de casi todos los grandes ayuntamientos. Hay muchos sumarios abiertos en relación con las dos largas décadas de Gobierno del PP que dibujan un mapa preocupante de hasta qué punto la corrupción se extendió en las Administraciones autonómica, municipal y provincial valencianas. Lo que se tiende a explicar menos son las causas por las que todo esto ha salido a la luz. Aun así, los números hablan por sí solos. Este estudio de José Garcia del Institute Français de Géopolitique, distribuye en un mapa las comunidades autónomas con un mayor porcentaje de municipios afectados por casos de corrupción, en color más oscuro.
Lo que sí es bien cierto es que mientras la oposición madrileña firmaba el Pacto de Estado por Caja Madrid, incluidas tarjetas black, créditos en condiciones ventajosas y un ominoso pacto de silencio, la oposición valenciana se dedicó a denunciar, investigar y querellarse en casos en los que la Fiscalía no parecía demasiado operativa. La reciente Operación Taula tiene mucho que ver con la denuncia, la documentación y el seguimiento operado por Esquerra Unida del País Valencià a lo largo de varios años al respecto. Las diferentes piezas valencianas de Gürtel no serían posibles sin las querellas del PSPV-PSOE, que se endeudó para hacerlas posibles; así mismo con la rama valenciana del caso Nóos. Los casos Cooperación, EMARSA, Brugal o Taroncher no serían posibles sin la persecución de Compromís, incluidas amenazas de muerte y otras de carácter machista a sus diputadas, tal y como aparece en las escuchas. En contraste, la acusación popular contra Bankia en Madrid sólo fue posible por crowdfunding --UPyD aparte--. En Catalunya o Andalucía ni eso.

No existe tampoco un Marcos Benavent en otras latitudes ibéricas. Su rocambolesca figura es propia de un biopic digno de ser filmado por Paolo Sorrentino: la historia del pijo reconvertido en hippy, exyonqui del dinero y otras cosas; un hombre de éxito temeroso de sus compañeros hasta el extremo de grabar sus andanzas como protección. Aunque tiene mucho de sobreactuación en el marco de una estrategia de defensa, cabe remarcar que es el único gran caso de arrepentido en los últimos años, marcados por el hermetismo. A diferencia de Jaume Matas, que aparte de reparar el daño con sus bienes apunta que al final hacía lo que todos, Benavent parece entender que los tiempos han cambiado y que los jueces --y la sociedad valenciana-- desean comprar el discurso según el cual la época de la burbuja fue una locura que no es deseable que regrese; una sociedad deseosa de que se sepa toda la verdad, de que “salga mierda a punta pala”, en sus propias palabras. No está claro que el conjunto de la sociedad española, imbuida de la lógica de la “recuperación económica”, comparta mayoritariamente este discurso.

Es natural que el país donde se fabricó el primer papel europeo y se imprimió el primer libro de la Península Ibérica dé mucha importancia a los libros y a los relatos. Si, además, debe su momento fundacional a un código de leyes --los mismos Furs que hace unos días Joan Baldoví de Compromís regalara a Felipe VI y que antaño todos los reyes de Valencia habían de jurar para ser coronados--, es natural que entienda el poder performativo y no sólo descriptivo del lenguaje. El nom fa la cosa (el nombre hace la cosa) decía Joan Fuster, el intelectual y ensayista que en los años 60 del siglo XX hubo casi que inventarse en un libro --Nosaltres els Valencians-- un país nuevo para suplir los vacíos de la postguerra, de las decenas de miles de desaparecidos del genocidio franquista. Hacen falta historias para llenar los vacíos, explicarse los silencios.

Por eso no es casual que un hijo de republicanos valencianos, antifranquista él mismo y después retornado, Rafael Chirbes, haya sido el mejor cronista --con un reconocimiento social casi póstumo en su tierra, habiendo sido profeta en el extranjero-- del hilo argumental que une las fosas del Cementerio General de València con Marina d’Or Ciudad de Vacaciones Dígame. Donde unos quisieron ver una moraleja sobre la corrupción en casa ajena, Chirbes explicó no sólo a España sino al mundo, con precisión de viejo marxista, la postguerra, la Transición y la democracia de estreno en términos de acumulación, de desposesión, del olvido y el papel amnésico de la burbuja financiera. El espejo deformado de su Crematorio sólo deja de una pieza al constructor Rubén Bertomeu: consciente de sus actos, de sus limitaciones y contradicciones, de cómo todo su entorno vive de y alrededor del único capaz de mancharse las manos. Todos le desprecian o critican, pero prefieren mirar hacia otro lado y no reconocer su corresponsabilidad, cuánto de su bienestar proviene de las decisiones del constructor; mirarse al espejo y comprobar cuánto de Rubén Bertomeu hay en cada uno de ellos. El mensaje es desalentador: está en la arquitectura del sistema mismo.

Aunque no puede decirse que en el País Valenciano se haya comprendido excesivamente bien la obra de Rafael Chirbes, sí puede decirse que hasta cierto punto los nuevos gobiernos, la --ciertamente raquítica pero persistente-- sociedad civil y un sector de los medios han hecho una apuesta clara por limpiar la basura de las décadas precedentes y revertir algunas de sus políticas, entendiendo que la corrupción ha tenido una relación directa con el sistema productivo e institucional. Así se contempla en la agenda legislativa del llamado Pacte del Botànic --suscrito entre PSPV--PSOE, Compromís y Podemos-- unida a cierta voluntad de ruptura con el pasado e inicio de nuevas políticas, ciertamente más presentes en algunas administraciones --incluso en algunos departamentos-- que otros. Ello lleva a abrir debates sobre transparencia, horarios comerciales, urbanismo, modelo escolar, radiotelevisión pública o el papel de las diputaciones provinciales, aunque sea tímidamente y de forma insuficiente. Algo es algo.

Paradójicamente, la adaptación televisiva de Crematorio tomó otros derroteros. Aparte de la estética kitsch y barroca, mostraba a un villano desalmado aunque de gran personalidad, capaz de hacer infeliz a su familia y a su entorno, sin un discurso claro sobre sí mismo y sus motivaciones y cuyos crímenes eran castigados al final, para gusto del espectador. Un mensaje mucho más digerible para el público español y que dejaba a un villano claro que evitaba que el espectador medio pudiera pensar que al final el problema son siempre los otros. Eso representa la Valencia contemporánea para España, y seguramente las charlotadas de Alfonso Rus sean un buen ejemplo del tipo de villano que el público espera como chivo expiatorio mientras la nueva política / de siempre aprueba recalificaciones urbanísticas en su zona para atraer inversiones de millonarios de países emergentes.

La próxima vez que lean, vean u oigan burlarse de la corrupción valenciana en su medio favorito o en una conversación de bar, miren a su alrededor y pregúntense si en su ciudad, comunidad o país --como prefieran-- no hay nada de eso, si no hay algo de Rubén Bertomeu en su entorno; si realmente no hay llaveros de corrupción por el suelo o simplemente no tienen a un Rafael Chirbes de turno a quien se le haya ocurrido encender las farolas para poder buscar. Introspección o caricatura. Lo dejo a su arbitrio.

lunes, 27 de junio de 2016

¿Qué hacemos con la corrupción?

No hay políticas anticorrupción de izquierdas o de derechas; solo las hay buenas, que son las efectivas, y malas, las ineficaces. Se trata de acabar con la colonización política de las administraciones públicas y reducir la percepción de impunidad

 
 
Tras las elecciones de ayer, volvemos a enfrentar la doble incertidumbre de si las nuevas Cortes serán capaces esta vez de investir un gobierno y de cuál será su composición política. Desde luego la existencia de opciones diferentes implica que la agenda que se proponga el nuevo gobierno puede ser radicalmente distinta en muchos campos muy relevantes como la política económica, la política social, las relaciones con los socios europeos, la educación, etc., etc. Sin embargo, la duda sobre qué fuerzas políticas liderarán el gobierno no debería afectar, aunque suene extraño, a las reformas que se han de emprender para luchar contra la corrupción.

Desde principios de 2013 los españoles han colocado a la corrupción como el segundo problema público del país tras el desempleo, y los principales partidos políticos han situado el combate contra la misma en un lugar destacado de sus programas electorales y de sus declaraciones públicas. Parece evidente que el nuevo gobierno, sea cuál sea su composición, tendrá que proponer de manera prioritaria un conjunto de reformas para enfrentarse a este problema. Y aquí en realidad no hay muchas alternativas de acción disponibles. No hay políticas anticorrupción de izquierdas o de derechas. Sólo hay buenas (efectivas) y malas (ineficaces) formas de combatir la corrupción. Por tanto, si el nuevo gobierno quisiera ir en serio en este terreno importa bastante poco en qué campo ideológico se sitúe. Es mucho más trascendental conocer si realmente tiene una verdadera voluntad de mejorar los niveles de integridad y decencia públicas.

Si fuera éste el caso, si el nuevo gobierno se propone realmente combatir la corrupción con eficacia, me permito sugerirle una agenda compuesta por tres elementos principales: evitar errores, reducir las oportunidades para la corrupción y rebajar la percepción de impunidad. Pero antes de desarrollar estos tres puntos, conviene partir de la idea de que luchar contra la corrupción no es un problema criminológico sin más, sino que exige la mejora del funcionamiento de nuestro sistema político en general. Por tanto, una estrategia contra la corrupción equivale a una estrategia de buen gobierno, esto es, exige mejorar la calidad de nuestras instituciones de gobierno. Y ésta no es una tarea sencilla. La prueba está en que sólo un puñado de sociedades del planeta ha conseguido construir un orden de gobernanza que deja poco espacio a la corrupción.

Pero si nos fijamos en las enormes diferencias de calidad de gobierno entre países que comparten condicionantes estructurales muy parecidos como Costa Rica y sus vecinos centroamericanos, Chile y Argentina o Estonia y Lituania, entenderemos que siempre existe un cierto margen para tomar decisiones sobre diseño institucional y para cambiar las prácticas políticas que abren oportunidades de cambios decisivos. En el caso español, la grave crisis económica iniciada en 2008 ha servido de catalizador para sacudir los cimientos de nuestro sistema político y ha avivado un profundo sentimiento de malestar con su funcionamiento que supone una coyuntura crítica favorable para introducir los cambios adecuados que permitirían mejorar la calidad de nuestras instituciones de gobierno. Para tal fin necesitamos poner en marcha una estrategia que contenga los tres puntos a que me referido antes.

Para empezar, es muy importante evitar caer en errores frecuentes. Se trata de plantear el problema de la corrupción y el buen gobierno en sus justos términos: ni demasiado amplios, ni demasiado reducidos. Tan equivocado es ampliar el foco del problema a todo el orden constitucional de 1978 o poner en cuestión los límites de la comunidad política, como si una nueva constitución o la fragmentación del país en diversas comunidades nacionales fueran a mejorar la calidad del sistema político por sí solas, como reducirlo hasta la inacción frente a la corrupción o, lo que es incluso peor, a la realización de reformas cosméticas o lampedusistas que no entran al fondo del problema y sólo buscan dar la apariencia de que algo se hace a costa de generar más frustración y malestar.

El segundo elemento de la estrategia consiste en reducir las oportunidades para la corrupción. Algunas instituciones públicas se ponen con demasiada facilidad al servicio de intereses particulares con grave quebranto del interés general: se contratan trabajadores públicos despreciando los principios de mérito y capacidad y sometiéndolos, por encima de sus deberes profesionales, a la ciega lealtad hacia quien los ha colocado; se otorgan contratos públicos no a quien haya presentado la mejor oferta para los intereses de la Administración, sino a quien se comprometa a vehicular parte de los recursos públicos obtenidos para otros fines (financiación del partido de gobierno, etc.), aunque para ello haya que aceptar modificaciones sobrevenidas del importe del contrato que acaban disparando el precio final que se paga por ellos; etc. Se trata de poner fin a la colonización política de las administraciones públicas. Para ello es crucial reforzar e incentivar la imparcialidad de los funcionarios y promover las alarmas tempranas de las irregularidades posibles mediante la protección de los denunciantes. A su vez es necesario desarrollar programas de prevención adaptados a cada organismo público para la gestión adecuada de los conflictos de interés a que se vean expuestos sus integrantes.

Por último, debemos reducir la percepción de impunidad. Hay que reforzar los controles efectivos sobre el poder ejecutivo (en sus diversos niveles nacional, autonómico y local, incluyendo todos los entes públicos). Para ello, es imprescindible vigorizar el papel de control del poder político por parte del sistema judicial. En este terreno hay mucho por hacer: garantizar la independencia/imparcialidad de tribunales, fiscalía y policía judicial; e incrementar su capacidad de acción dotándolo de más medios, reformando por completo el proceso penal (y no precisamente en la línea en la que ha ido el Ministro Catalá), alargando las prescripciones de los delitos relacionados con la corrupción e incrementando sus sanciones. Además, los demás mecanismos de control del poder del sistema político habrían de robustecer también su capacidad e imparcialidad: los órganos de control contramayoritario (como el CTBG, el Defensor del Pueblo, el Tribunal de Cuentas, la agencias reguladoras…), los medios de comunicación (despolitización de los públicos y reducción de la dependencia política de los privados vía autorizaciones y subvenciones), y la ampliación de los órganos de control ciudadano para aumentar la responsabilidad de los propios ciudadanos en la persecución de la corrupción.

Fernando Jiménez Sánchez es profesor de ciencia política en la Universidad de Murcia y experto del GRECO (Consejo de Europa).