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sábado, 9 de mayo de 2020

Anuladas la segregación de plazas y la convocatoria de oposición del Cuerpo de Gestión. El Tribunal Superior de Justicia de Asturias resuelve el primer recurso presentado contra la segregación de plazas en la oposición del Cuerpo de Gestión del Principado de Asturias


Se acaba de notificar la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia el pasado 17 de marzo que resuelve el primer recurso presentado contra la segregación de 15 plazas del Cuerpo de Gestión del Principado de Asturias en la convocatoria de dicha oposición.

El Tribunal ha anulado tanto la resolución ilegal de segregación de plazas como la propia convocatoria de la oposición, condenando expresamente a la Administración en costas.

El recurso ha sido presentado por 19 opositoras y, siendo el primero en presentarse, fue notificado en último lugar respecto a otros dos recursos presentados por los sindicatos CCOO y USIPA.

El fondo del asunto fue la falta de 15 plazas en la convocatoria de oposición del Cuerpo de Gestión, ahora anulada, que sí se contemplaban en las Ofertas de Empleo Público acumuladas correspondientes a los años 2016 y 2017.

La Administración justificó su conducta en la Resolución de la Consejería de Hacienda y Sector Público de 10 de diciembre de 2018, por la que se ordenaba la segregación esto es la no inclusión en la convocatoria de oposición para el Cuerpo de Gestión- de las plazas correspondientes a Orientadores Laborales. Dicha resolución, a su vez, pretendió fundamentarse en una Proposición no de Ley, adoptada por la Junta General del Principado de Asturias.

El Tribunal estimó al respecto que no puede considerarse motivación suficiente la que se asienta en una proposición no de ley (PNdL) ya que, como ha tenido ocasión de indicar el Tribunal Constitucional, carece de efectos jurídicos vinculantes y constituye mera expresión de una voluntad política y de criterios de oportunidad que, como tales, son susceptibles de modificación. Además, recuerda a la Administración que con la segregación operada se viene a incumplir la oferta de empleo público, lo que supone una vulneración del Real Decreto 5/2015 de 30 de octubre, por el que se aprobó el Estatuto Básico del Empleado Público.

El Conceyu por Otra Función Pública n´Asturies quiere destacar el coraje cívico de este grupo de opositoras para recurrir en vía judicial la convocatoria, sin ningún temor y de forma ejemplar, en defensa del derecho fundamental de los ciudadanos y ciudadanas a acceder a todos los puestos de trabajo del sector público en condiciones de igualdad, mérito y capacidad.



Fernando Valladares, biólogo del CSIC: «La mejor vacuna era un ecosistema que funcionase bien y nos lo hemos cargado»

SANDRA FAGINAS
08/05/2020 12:14 H


Fernando Valladares es doctor en Ciencias Biológicas, profesor de investigación en el CSIC y en la Universidad Rey Juan Carlos. Sus conocimientos y sobre todo su manera de exponerlos lo han convertido estos días en uno de los referentes de la crisis del covid por su valentía y su claridad. «Yo no he inventado nada nuevo, no tengo otro mérito más que recoger los informes que muchos otros colegas han estados elaborando y que llevamos más de 30 años difundiendo», apunta Valladares. Que, pese a ser de esas personas que sabían que esto podía suceder, asegura que el shock ha sido brutal: «Yo todavía hay días que me despierto y pienso: '¿Pero de verdad está pasando?'». «Los científicos sabíamos que era probable, pero cuando ves la ola encima no te lo crees». «Por eso quiero tener viva esa emoción, el susto, porque de ahí espero que surja en todos nosotros una reacción. Van a venir más pandemias y tenemos la solución delante de nuestras narices». 

-Ahora urge una vacuna para el covid-19, ¿después necesitaremos la del covid-20, covid-21…? ¿Es esa una manera de afrontar las crisis?

-Eso es lo que me gustaría destacar: nunca podremos llegar a tiempo, la vacuna es algo reactivo: reaccionas ante algo. Y mira que esta vacuna tiene mérito, saca lo mejor de la ciencia y no hay que quitarle ningún mérito, ahora mismo es lo que toca. Es una fuente de esperanza y seguro que va a salir en tiempo récord. Pero nunca una vacuna se va a anticipar al problema.

- ¿Cuál es la solución?

-No podemos aplicar lo que estamos haciendo con esta pandemia a la siguiente. Esto ha salido muy caro en términos de vidas humanas y no nos lo podemos permitir. Tenemos que aprender lo suficiente para evitar pandemias, no atajarlas. No tenemos ejércitos ni sistema sanitario para ello. Nos van a pasar pandemias por encima como si fueran tsunamis, eso no lo digo yo, lo dice la ONU. 

-¿Cómo podemos evitar las pandemias entonces?

-Un mecanismo, una forma muy general, muy inespecífica y por lo tanto imperfecta es la propia naturaleza: el estado del medio ambiente. Un medio ambiente en sentido amplio, que funcione bien, que contenga el adecuado y correcto número de especies y de relación entre las especies. Un ecosistema que funcione bien cumple muchas funciones. Y una que teníamos delante y la gente se olvida es la de amortiguar una zoonosis, una enfermedad infecciosa.

-Pero ocurren desde siempre.

-Sí, las de origen animal han ocurrido a lo largo de la historia, hemos estado coexistiendo con patógenos (virus o bacterias) siempre, es una carrera de amor y venganza, pero en ese camino nos ayuda la naturaleza. 

-Por eso tú dices que es la mejor vacuna y nos la hemos cargado.

-Claro, eso es una forma gráfica de decirlo. La naturaleza nos ayuda a convivir con los patógenos, un buen patógeno no mata al hospedador, un buen patógeno convive con él por la cuenta que le trae. Un patógeno ni es listo ni es tonto, es seleccionado en aquella variedad que es capaz de mantener el mayor número de ellos. Ese agente infeccioso va a ser seleccionado para no matarnos y tenemos que contar con el apoyo de la naturaleza. Para que mientras eso ocurra no estemos tan expuestos, tan vulnerables para que la carga vírica se diluya y el riesgo de infección se amortigüe. Eso lo va a hacer un ecosistema que funcione bien. 

-Entiendo que no es que de pronto un virus salte y nos contagie.

-Sí, no es que de pronto una persona vaya al bosque y le muerda un murciélago, no. No es solo eso, que puede ocurrir de forma anecdótica. Pero esta vez se ha liado una cosa y otra y otra. Nos hemos traído un animal estresado, de un bosque alterado, de un sitio en el que las probabilidades de que surgieran patógenos por mutación eran altas, hemos maltratado a los animales, los hemos tenido en condiciones poco salubles, los hemos tenido con un estrés muy alto y esto hace que el animal tenga una carga vírica elevada. Todo esto suma y entonces las probabilidades de que salte a un humano son enormes. 



-¿Hacen falta más animales para que haya menos virus?

-Sí, es el concepto de diversidad biológica. Tiene varios niveles, como tú dices, muchos animales, muchas especies, pero también es importante la diversidad genética. La diversidad dentro de una especie. Tenemos que favorecer la diversidad en sentido amplio. Te pongo el ejemplo de la gripe aviar, que ha habido varios casos en China, epidemias que no son pandemias, pero se salen de lo local. ¿Qué ocurre? Tenemos gallinas estresadas en una granja, con una carga vírica alta y todas las gallinas son primas hermanas, así que tienen una variabilidad genética muy baja. Entonces cuando el patógeno entra en una granja donde todos son parientes similares, se contagian y se mueren todos. Al final el virus salta, se te escapa. Ese mismo principio de precaución hay que tenerlo con cualquier ecosistema, conservarlo bien, y debemos aplicarlo también a una explotación forestal, a una explotación ganadera… 

-Lo del estrés y la carga vírica lo expresas muy bien con el herpes.

-Los patógenos están ahí y muchos los tenemos dentro, coexistimos con ellos, y cuando estamos estresados y con las defensas bajas, salen. Pero no podemos pretender que todo un ejército de soldados o de médicos exterminen a todos los perros que tengan la rabia, a todos los murciélagos que llevan no sé qué. Porque tendría que haber un cuerpo sanitario que desinfectara todas nuestras ventanas, nuestros zapatos, tendríamos que matar toda la vida y aun así algún virus se escaparía. Es matemáticamente imposible que anticipemos todos los riesgos, por dónde nos va a venir el próximo virus. La naturaleza no es perfecta, y esta vacuna metafórica no estoy diciendo que sea equivalente a una vacuna hecha en un laboratorio. No es perfecta, pero es muy buena, es amplia, no es específica y es muy buena para lo que está por venir, que no sabemos lo que es. 

-Si nosotros hubiéramos estado en unas buenas condiciones naturales, ¿el covid podía haber estado por ahí danzando y no habernos infectado?

-Exacto. La ecuación del desastre tiene distintas variables. Una es la degradación de los ecosistemas, que cumplen esta función. Otra es la globalización, porque infecciones ha habido toda la vida, pero se han amplificado con la globalización… La globalización no es ni buena ni mala, depende. La información de tu periódico pasa en segundos de Corea a Argentina, pero lo mismo que pasa la información pasa un virus. Hay que aprender a gestionarla. De hecho, se dice que si la pandemia hubiese comenzado en África el virus no hubiera saltado así porque está mucho menos conectada, menos globalizada, hay menos movimientos de personas. 

-¿Por qué no se prohíben los mercados húmedos?

-Con la prohibición se llega adonde se llega, tienes cierto control, pero prohibiéndolo todo no va a funcionar. Hay que entender que tenemos todos una labor, también generar alternativas a esa gente que vende ahí. Hay que darles alternativas económicas, explicarles que eso es malo para ellos mismo. Pero tú prohíbes y no vas a detener. La prohibición tiene un límite. Tiene que haber protocolos sanitarios, una labor pedagógica, social, de comunicación, para hacer los cambios. Hablamos de Wuhan, pero nosotros también tenemos que hacerlos aquí. El mensaje es global. A la gente que come animales salvajes en bosques no la puedes dejar sin comer, no pueden elegir. O comen o mueren. 

-Ahora parece que los virus vienen de lejos, pero podría haber salido de aquí.

-Claro. Algunos han venido de aquí: la peste porcina, se habla de la gripe española, que no era española, pero ha habido zoonosis. No es una cosa del trópico. Lo que aprendamos de esta pandemia se aplicará en todo el mundo.

-Le hemos echado la culpa al pangolín. ¿La tenemos nosotros?

-Totalmente. Y ese es un mensaje que hay que decir. El vídeo más sonado que he sacado es uno que tiene en la carátula un murciélago, y fíjate, me escribieron de varias sociedades científicas de murciélagos y de epidemiología avisándome de que el icono del murciélago y el hombre con la mascarilla inconscientemente va a llevar a culpar al murciélago. Yo no lo hice consciente, pero tenemos que ser sensibles con eso. Si pones esa imagen, haces la lectura de ‘maldito murciélago’ y no tiene la culpa de nada. Y si no es él, será otro. La culpa es nuestra. La vida de un murciélago es muy dura, está llena de patógenos. ¡Pero si nosotros tenemos en el intestino cientos de bacterias que nos ayudan a hacer la digestión pero cuando nos descontrolamos nos provocan diarrea! Cuando tú aflojas, las bacterias se vienen en contra. Es una coexistencia. Todos queremos vivir, no vamos a poder matarlos a todos. 

-¿El cambio climático va a matar a mucha gente?

-El cambio climático estaba ahí y reacciona de una manera complicada. No lo podemos olvidar, no es una broma y se lleva por delante a mucha gente. Hace que la naturaleza no funcione y nos hace vulnerables. Es un círculo vicioso, un problema lleva a otro. El cambio climático acentúa pandemias, las pandemias otras catástrofes, al final el origen del problema es que la naturaleza no funciona bien. Estamos contaminando, explotando… Tenemos que cambiar el modelo socioeconómico.

-¿Lo haremos?

-Yo no soy economista, no tengo la solución. Soy ecólogo, pero en el fondo está el modelo social que hemos adoptado todos de comprar mucho, consumir mucho como si no hubiera un mañana, gastando los recursos como si fueran infinitos; deforestamos, nos comemos las especies, gastamos agua. Todo esto en algún momento salta. 

-Hay quien dice: «El propio planeta se ha regulado, se ha enfadado».

-Eso tiene que ver con nuestra tradición judeocristiana, pensar que alguien va a cuidar de nosotros nos ha hecho mucho mal. ¿Alguien nos va a resolver esto?, pues no. Tendremos que solucionarlo nosotros. No estamos hablando de ‘ponme aquí unos espacios verdes’, ‘ponme aquí esta especie’. No podemos caer en los errores de estas décadas, de dar la espalda a la naturaleza. Muchas consecuencias no las vamos a ver venir, nos vendrá una bofetada de golpe. Hay informes de hace 30 años que son actuales y no les hemos hecho caso. No nos estamos inventando nada nuevo. Sabemos lo que pasa. 

-Es rumbo de colisión.

-Y me sabe mal, hay gente que dice: «Bueno, ya me la pegaré y ya veré». Y como es verdad que hemos salido de varias, que hemos salido bien parados, como nos hemos ido librando, no nos llegamos a preocupar del todo. Todo el mundo entró en la pandemia sonriendo o flipando. Luego, claro, si te muere un familiar ya no te hace tanta gracia, pero todos estamos pensando: ‘Saldremos de esta’. ¿Y cuál es la puerta? ¿Dónde está? Hay que aprender algo. Nos viene otra ¿y qué? ¿A poner a todos los científicos a desarrollar vacunas a toda velocidad? ¿Qué hemos pensado hacer? ¿Vamos a rescatar la economía como antes? ¿Vamos a anteponer la economía a las personas otra vez? Como hacen Bolsonaro, Trump y como en el fondo hacemos todos tácitamente. Decimos: «Primero hay que reflotar la economía y queremos que muera la menos gente posible». No, hombre no, que no me muera nadie. Si puedo evitar que alguien se muera, lo haré. Y si puedo evitar que te salga un herpes, también. Luego ya veremos quién se hace rico, pero primero salva vidas. ¿Qué queremos? 

-¿Eres optimista?

-De corazón lo soy. Científicamente las bazas no juegan a nuestro favor. Pero en el fondo hay un factor de azar que no podemos medirlo. El comportamiento humano tiene aspectos muy predecibles, pero otros muy impredecibles. Yo me agarro al azar para poder creer, para empujar e inclinar las fuerzas para que todos hagamos algo a tiempo. Tenemos la información y posibilidades. La cosa no pinta bien, igual con un poco de suerte cambiamos.

-Pandemias van a venir. ¿Puede haber una que acabe con la especie?

-Yo lo veo poco probable. Igual que es poco probable que cambiemos mucho y rápido. Imagínate un patógeno que fuera tan infectivo como el coronavirus actual y tan letal como el ébola, si sale una cosa así, vamos fritos. Pero eso no es probable, aunque no es imposible. Si vamos poniendo estos mecanismos en marcha y contamos con la ayuda activa de la naturaleza, si llegara a surgir ese ‘cruce’, pues nos va a ir mucho mejor y no será tan grave. No es un optimismo salvaje. 

-Esto ha sido un shock.

-Sí, ni aun sabiendo que podía suceder nos lo imaginábamos. Cuando ha llegado la ola no te lo crees. Tú sabes que numéricamente podía pasar, pero a mí me ha impresionado muchísimo la cantidad de países a los que ha afectado. La de hogares, la de culturas, sociedades que están afectadas. Para mí era un escenario científicamente posible, pero ficción. Y esto es ciencia y ficción, ahora estamos viviendo la ficción. A veces me digo: «¿Esto está ocurriendo?» No me lo puedo creer. Eso me ha sorprendido. Y esa emoción no la quiero reprimir porque creo que es la posible palanca para hacernos reaccionar. Con el covid nos hemos asustado, por eso quiero enfatizar lo del medio ambiente. 

-Tú dices: «La naturaleza está de guardia todos los días 24 horas».

-Claro, esa naturaleza de guardia nos hace una función fantástica. Y cuando no funciona hace unas cosas terribles. Ahora hemos sacado lo peor de la naturaleza en lugar de lo mejor. Parecemos tontos, saquemos lo mejor: que nos protege, que sabemos que es una fuente de bienestar para la especie biológica, hablo de la piel, de la química, del metabolismo. Que estamos a gusto cuando la naturaleza está bien, que disfrutamos viendo un paisaje, y no lo digo solo por emoción. No saquemos los diablos. 

-Ni más desiertos, que van a agudizar el problema.

-Claro, la degradación ambiental nos va dejando las cosas más difíciles para hacer algo. Y la solución era esa, la vacuna era esa. Estar compinchados con la naturaleza para hacer cosas grandes.

jueves, 7 de mayo de 2020

¿Cuándo volverán los funcionarios a sus puestos de trabajo? Las oficinas públicas abrirán con cita previa a partir de la fase 2

La Administración central pacta con los sindicatos de funcionarios una vuelta gradual al trabajo que dará prioridad al teletrabajo


El Gobierno ha pactado con los sindicatos de funcionarios cómo será la desescalada en la Administración. La vuelta a los puestos de trabajo de los empleados públicos será “gradual, priorizando el trabajo no presencial, la conciliación y la protección a grupos vulnerables”, según apunta un comunicado de la federación de servicios públicos de UGT. El acuerdo también recoge que las oficinas de atención al público volverán a abrirse en la fase 2 del proceso de desconfinamiento y siempre con cita previa.
Que las oficinas públicas se vayan a abrir en la fase 2 implica que, en principio, eso se hará el 25 de mayo. Casi todas las zonas de España, excepto algunas islas, se encuentran en la fase 0 del proceso de desconfinamiento. En este punto se permiten salidas a hacer deporte y paseos con niños, también se han dado permisos para la apertura de locales comerciales, siempre que se tenga cita previa y haya un empleado por cada cliente. La fase 1 comenzaría el próximo lunes y la fase 2, 14 días después, si no hay ningún repunte de la pandemia.
En esa fase 2 se abrirán los restaurantes con el aforo limitado o se permitirán espectáculos públicos, también con límites de aforo. En este punto es en el que las oficinas de atención al público de la Administración central —Seguridad Social, Servicio Público de Empleo y Agencia Tributaria, entre otros— se abrirán siempre que el ciudadano tenga cita previa.
Otro de los puntos del acuerdo al que habría llegado el Ministerio de Administraciones Públicas con los sindicatos (UGT, CC OO y CSI-F) es el de priorizar el teletrabajo. Además, en ese pacto entrarían los trabajadores públicos que se consideren grupos de riesgo por el Ministerio de Sanidad, que no tendrían que incorporarse.
Para poder escalonar la jornada se permite “la flexibilización horaria correspondiente a cada caso, con independencia de la modalidad de prestación de servicios, recomendándose el uso de fórmulas de jornada continuada. Igualmente, para poder atender los supuestos de flexibilización se habilita la posibilidad de ampliar el horario de apertura de los centros de trabajo hasta las 21 horas”, apunta un borrador del acuerdo.
“Es un acuerdo muy garantista, que prioriza la seguridad y salud de los empleados públicos al tiempo que asegura la adecuada prestación de servicios de la Administración a la ciudadanía”, valora Carlos Álvarez, de UGT. Desde CC OO, José Manuel Vera, ha recordado que “será necesario convocar con carácter previo las mesas delegadas para concretar y resolver algunas cuestiones que han quedado pendientes para adaptar la resolución a los ámbitos específicos”. Por su parte, CSI-F advierte de que ellos van a estar vigilantes para que se mantengan medidas de protección y, además, en su comunicado proponen “que se prioricen los test a aquellas personas que se incorporen tras una incapacidad temporal por contagio, a las que hayan tenido sintomatología reciente relacionada con la covid-19 y aquellas que hayan estado en contacto estrecho con personas afectadas por esta enfermedad”.

miércoles, 6 de mayo de 2020

«El control tecnológico es inquietante y quienes luchemos contra él seremos considerados sospechosos»


lamarea.com




Tânia Rêgo/Agência Brasil (licencia cc 3.0)

El abogado Javier de la Cueva alerta sobre el desconocimiento de la sociedad digital en la Administración Pública, la misma que se la está imponiendo a la ciudadanía.

El abogado Javier de la Cueva (1962, Madrid) es uno de los mayores expertos en licencias libres de propiedad intelectual. Fue el abogado encargado de la defensa de los casos Ladinamo, que desembocó en la primera sentencia que reconoció el Copyleft, y de Sharemula, que confirmó que las webs de enlaces a archivos en redes p2p no cometen delitos, entre otros juicios estratégicos en el ámbito del conocimiento compartido. Es doctor en Filosofía, profesor en la Universidad Complutense de Madrid, así como en el Instituto de Empresa. También es miembro de Civio, una fundación dedicada a combatir la opacidad de las administraciones públicas.
Aunque aún no se hayan puesto en marcha, las propuestas de lanzar aplicaciones móviles para el control del confinamiento mediante la geolocalización y de las interacciones entre personas para rastrear posibles contagios, suponen un posible y grave recorte del derecho a la privacidad sin que se atisbe una gran resistencia ciudadana. ¿De qué escenario veníamos para que sea tan fácil dar pasos trascendentales en el control social sin un debate público previo?
A mediados de los años 90 se hablaba de que la CIA había desarrollado una aplicación llamada Carnivore que lo controlaba todo. Ese fantasma se hizo realidad cuando Mark Zuckerberg creó Facebook. Desde sus inicios, surgieron las alertas de que sus ingenieros sabían antes que los propios interesados que dos personas podían establecer algún tipo de relación por el número de veces que miraban sus respectivos perfiles, leían sus mensajes o se daban ‘me gusta’ recíprocamente. 
En 2010, el joven austriaco Max Schrems demostró que Facebook estaba incumpliendo la normativa de cesión de datos entre la Unión Europea y los Estados Unidos, que hubiera obligado a guardar los datos de sus usuarios de este continente en servidores dentro de la UE. Los recopilaba en Estados Unidos, como sigue haciendo en la actualidad. En 2013, Edward Snowden reveló que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (la NSA) espiaba y recopilaba información de cientos de millones de personas. 
Por tanto, antes de la pandemia ya vivíamos en un mundo totalmente controlado, hasta tal punto de que habíamos pasado de la promesa de una sociedad del conocimiento, distribuido, a una sociedad del control gracias a la polarización de la Red y la creación de las empresas de Sillicon Valley que centralizaron la información. Esta fue una de las frases que pronuncié cuando me invitaron a una sesión en el Congreso de los Diputados. Pregunté a sus Señorías quiénes llevaban la geolocalización conectada y eran prácticamente todos. ¿Cómo puede permitir la gente que tiene la responsabilidad de gobernar este país que Google sepa dónde están en cada momento? No hay una concienciación ciudadana sobre la privacidad desde la que se pueda reflexionar conjuntamente.
Y cuando le explica estas cuestiones a su alumnado, ¿qué le dice?
Que no tienen nada que ocultar. En contra de su tesis, les explico que lo que hacen ahora no tiene por qué estar bien visto dentro de unos años. La publicidad de los años 80 nos devuelve el reflejo de una sociedad machista o en la que era normal ir sin cinturón en el coche, por ejemplo. En el futuro, los valores serán también diferentes. Pero también porque lo que funciona aquí no tiene por qué hacerlo en otros lugares, como Arabia Saudí. ¿Y si son homosexuales y quieren viajar allí? Y también por la capacidad de perfilado que tienen las redes sociales. ¿Cómo vas a justificar que has coincidido en el supermercado con cinco yihadistas si llevas la geolocalización abierta? ¿Van a creerse que fue una casualidad? 
Todo esto nos obliga a ser muy celosos de nuestra intimidad, pero todos los desarrollos tecnológicos que se han hecho procuran lo contrario y facilitan la entrega de los datos con aparatos muy atractivos. Se han vendido a través de una estética y de una prosa que nos convence de que gracias a lo que nos ofrecen vamos a ser unos campeones mundiales. 
Se trata además de un sistema de control del que no puedes desaparecer. No se puede vivir fuera de Google, porque aunque no tengas una cuenta de Gmail, la mayoría de los contactos a los que escribes sí los tendrán. Además, grandes instituciones como el BBVA, la Universidad Complutense de Madrid y muchas otras han cedido la gestión de todos sus servicios tecnológicos a Google. Estamos en lo que Shoshana Zuboff ha definido como ‘El capitalismo de la vigilancia’, como tituló su recomendable libro.  
Así que el terreno estaba abonado para que ahora implanten una aplicación en el teléfono y no haya suspicacias. 
Además ha habido otro fenómeno interesante. Las administraciones han forzado una transición tecnológica sin ni siquiera darnos tiempos para adaptarnos. Como abogado, si quiero presentar una querella tengo que hacerlo a través de la plataforma Lexnet, para la que no dieron tiempo para alfabetizarse digitalmente. 
Una plataforma que además es controlada por el Poder Ejecutivo, aun cuando sea para la Administración de Justicia. 
Efectivamente, una cuestión que nos daría para mucho. Pero que también nos sirve para analizar cómo tiene que ser la estructura de redes pública en el siglo XXI. Por un lado tenemos todos esos programas vistosísimos, toda la maquinaria de las corporaciones tecnológicas convenciéndote de que las uses, y un Estado obligándote a usarlas. La tormenta perfecta para que te puedan decir que tienes que tener un smartphone.
Yo guardo el Nokia antiguo como un absoluto tesoro porque ahí el dueño soy yo. Pero igual que me obligaron a usar determinado software y hardware, me pueden obligar a tener un sistema de control registrado en una compañía de teléfono que va a saber todo sobre mí a través de las antenas a las que me voy conectando. 
El panorama de control tecnológico es inquietante y los que luchemos contra su implantación seremos considerados sospechosos. Yo estoy a favor de que cuando hay una tensión entre el derecho a la libertad deambulatoria y la seguridad por un tema de salud pública, se tomen medidas. Pero estoy en contra de que se adopten irracionalmente y sin que la ciudadanía podamos acceder a nuestro derecho a saber qué informes están detrás de esas decisiones. 
Yo ya exigía esos informes cuando se barajaba bajar la velocidad máxima en las carreteras de 120 kilómetros a 110.
Usted ha afirmado en más de una ocasión que este sistema tecnológico de hipervigilancia sería el sueño húmedo de la Stasi, de Goebbles, de Mussolini… Hemos pasado de sistemas totalitarios que empleaban el terror para conocer todas las parcelas de la intimidad de su ciudadanía, a que ahora sea esta la que la expone y regala a plataformas que se lucran con esos datos. 
Los de la Stasi eran unos aficionados en comparación con lo que saben hoy de nosotros las grandes corporaciones. Este verano estuve en el museo de la Stasi en Berlín y los sistemas de control que tenían eran rudimentarios comparados con los que se utilizan ahora. Como ciudadanía desconocemos cómo se emplean estos mecanismos u otros, como pudieran ser los satélites que en la actualidad se dedican a vigilar los cultivos agrícolas para luego especular en los mercados de alimentos, por ejemplo.
Parte del problema es que se ha instalado la idea en nuestra sociedad de que los softwares de toda esa tecnología son neutrales y que, por tanto, las decisiones que adopta la clase política en base a esta son imparciales, cuando no es así.
Efectivamente el software no es una herramienta neutral. La propia configuración del software es política, pues decide qué modelos de actuación son posibles. Pero, además, en un debate reciente, planteábamos que es muy difícil defender los derechos de la ciudadanía cuando vamos a los tribunales y el nivel en el que tenemos que debatir las cuestiones es absolutamente básico, como describirle a un juez qué es una DNS o escuchar a un abogado del Estado defender que los algoritmos de los programas informáticos tienen que ser secretos. 
Por otro lado y además de lo relacionado con los programas de software, esta pandemia ha evidenciado que no se pueden hacer políticas públicas si no tenemos datos, cuando la demografía ya se empleó en el 1600 con la peste: las parroquias recopilaban los datos de nacimientos y muertes y de ahí se extraían tablas y análisis.  Ahora Civio o Datadista han tenido que trabajar con archivos en formato pdf que han tenido que exportar a archivos tratables automatizadamente por ordenador. No hay alfabetización digital.
¿Qué opinión le merece que en las primeras seis semanas de confinamiento se haya detenido a casi 6.000 personas por incumplir el confinamiento e interpuesto unas 700.000 propuestas de sanción? Por no hablar de los abusos que han sido grabados por la ciudadanía desde los balcones…
La función de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado vienen muy claras en la Constitución y en las leyes que la regulan. Estos cuerpos son absolutamente necesarios, tienen que tener sueldos mucho mayores y es lamentable el trato que reciben por parte de las instituciones. En los juzgados me he encontrado con funcionarios absolutamente distinguidos, con una preparación impresionante. Otra cuestión son las órdenes políticas que están recibiendo. No me cabe duda de que muchas de esas denuncias van a ser sobreseídas y sus destinatarios absueltos. 
Desde arriba no se les ha dado un criterio claro. Se ha hecho una legislación de brocha gorda y se ha olvidado que España es muy diversa. Pueblos en la montaña con 20 habitantes que no tienen nada que ver con una gran urbe, las Islas Canarias… Ha faltado granularidad en la legislación para contener la pandemia. 
El propio ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, admitía en una entrevista en El País que carecían de información suficiente para afrontar la pandemia. 
Las comunidades autónomas no han dado las tablas de información al Gobierno central hasta hace apenas una semana. Es inaudito porque desde hace bastantes años los responsables de los archivos y de las bibliotecas han desarrollado técnicas y explicado cómo deben recogerse los datos, tabularse, qué características tienen que contemplar, cuáles son los metadados relevantes, cómo clasificar la información…
Sin embargo, en las administraciones públicas estamos en manos de personas incapaces que, ya siendo adelantados, emplean Excel como lo más cercano a una base de datos. Cuanto más se sube en la escala de la administración, menos se sabe sobre cómo tratar los datos. Deberían aprender de las personas a cargo de los archivos y de las bibliotecas.
¿Y cómo se explica el fenómeno de esa ciudadanía que ha asumido tareas de vigilancia policial y que insultan a las personas que consideran que no deben estar en la calle?
Es parte de la cultura de este país. Yo fui de los que tuvo que hacer el servicio militar y por aquel entonces se producía el fenómeno de las novatadas a los recién llegados. Cuando ya llevábamos 6 ó 9 meses de antigüedad, nos dividíamos entre los que considerábamos que no había que hacerlas y los que defendían que, como a ellos se las habían hecho, ahora les tocaba a ellos fastidiar a los nuevos. Es la misma legitimación que la del ‘fascista’ o ‘estalinista’ de balcón. Hay un problema gravísimo de educación. 
Desde el momento en el que el ejemplo de diálogo que se introduce en las salas de estar en las casas es el de programas de televisión en los que seres vociferantes se interrumpen continuamente, nuestra sociedad está muy lastimada. Teníamos un guerracivilismo y un país cainita y no hemos tenido ningún partido sensato que haya intentado desmembrar esas cuestiones. Y a los que lo han intentado les han cortado las alas. Por eso, el tema de la memoria histórica siempre se ha visto como algo partidista, las asociaciones de víctimas del terrorismo también, y ahora no me cabe duda de que la pandemia será concebida también desde el partidismo. Por eso no lograremos zanjar ese guerracivilismo entre las personas.
En casos tan graves como este en el que está en juego la supervivencia, debería apartarse a cualquiera que quiera sacar rédito partidista y poder establecer comisiones de la verdad que investiguen qué se ha hecho mal. Porque se han hecho mal muchísimas cosas, pero todo quedará en que el PP dirá que todo lo que hizo el PSOE estaba mal y viceversa. No se pueden hacer distingos y debería investigarse por qué hubo aglomeraciones no ya el día 8 de marzo, sino a partir del día 1: los partidos de fútbol, los centros comerciales, el mitin de Vox… además de las manifestaciones del 8M. 
Todos nos hemos visto sorprendidos por la gravedad de la pandemia. Si nos hubiesen dicho hace unos años que íbamos a estar encerrados en casa dos meses, no nos lo habríamos creído, pese a que había expertos y expertas advirtiéndolo desde hace tiempo. Y no se les prestó atención ni desde la Unión Europea, ni desde los gobiernos centrales, autonómicos ni ayuntamientos. 
¿Cree que habrá una verdadera investigación sobre esta cuestión?
No. La mejor investigación que conozco en este sentido fue la de ‘las vacas locas’ en el Reino Unido. Se verificó por parte del Parlamento cómo un órgano del Ejecutivo dio instrucciones a los veterinarios para que no contaran las vacas locas que iban muriendo y así no alarmar a la población. El informe final decía literalmente: “Esto jamás debería haber ocurrido”. En España hemos tenido los casos del chapapote, el Yak-42, el metro de Valencia… y jamás hemos tenido una comisión de investigación con rigor científico y que ofreciera resultados. Los partidos políticos evitaron la posibilidad.
En un tuit proponía que nos pusiéramos en el lugar de los que tenían que decidir, desde la Unión Europea, dar dinero para la recuperación a España a unos partidos políticos con precedentes como Filesa, Púnica, Gürtel, Guerra, Palau, Malaya, ERE, Fabra, Roldán, Naseiro, Pujol…
Los partidos políticos estarán ya pensando en ver cómo se llevan parte del dinero que venga de Europa y algunos saldrán respaldados con los votos de la ciudadanía en las siguientes elecciones. La historia nos demuestra que la corrupción les ha hecho perder votos, pero no se les ha sancionado con desaparecer del mapa político ni con devolver lo robado. Eso es algo que me encantaría que cambiara en este país. 
Tanto desde el Gobierno como desde determinados medios de comunicación hay una dosificación de la información –por ejemplo, cómo se ha anunciado el confinamiento de quince día en quince días– siguiendo técnicas de propaganda bélica para mantener alta la moral de la población. También sorprende el relato edulcorado de la pandemia, que se ha cobrado la vida ya de más de 25.000 personas, en el que abundan piezas lúdicas sobre lo que ocurre en los balcones, dentro de las casas… Y pareciera que, ante el panorama desolador que se avecina por la crisis económica, una parte de la población se sintiera cómoda con esta autocensura, que prefiere no saber…
Es lo que Kant decía en ¿Qué es la Ilustración?: su famoso «Atrévete a saber». Es un problema de madurez ciudadana que en muchos ámbitos, efectivamente, prefiere no saber. Hay un desprecio hacia el conocimiento, el “Vivan las caenas’ del que no hemos terminado de salir, la diáspora de pensadores en los años 40… No hay país que avance si su ciudadanía prefiere no saber. El no querer saber no puede ser una corriente de pensamiento válida, sino una excepción que admitamos como tal.
Este país tiene un gran problema de educación. Tenemos una serie de generaciones que están saliendo adelante en la educación gracias al esfuerzo del profesorado, que está sin medios y con unos ratios de alumnado altísimos… Pero también los ambientes en los centros empujan al amancebamiento del funcionariado público, en lugar de alimentar la linterna que debería de ser el conocimiento; o esa metodología de los apuntes que, como explica el maestro Emilio Lledó, reduce muchísimo el conocimiento final adquirido por el estudiante… Hay que invertir en educación.
Con esta pandemia hemos visto que ha faltado la ciencia, la sanidad, la educación y la justicia. Los juzgados no han colapsado por la COVID-19, sino que llevan colapsados 20 años porque no se les ha dotado de presupuesto. Y no se ha hecho porque tenemos una clase política corrupta que no tiene ningún interés en que funcionen. El mejor ejemplo es cuando el gobierno de Mariano Rajoy limitó la instrucción de los casos penales a 6 meses. Si en ese plazo no se ha acabado la investigación, se tienen que archivar o seguir sin profundizar en la búsqueda de pruebas. No conozco ningún estudio que recoja cuánta gente ha eludido la justicia gracias a esa reforma. 
Y ahora vamos a tener un gravísimo problema porque para que funcione un país la justicia tiene que funcionar. Porque tiene que haber un sistema rápido de resolución de conflictos, sin él estamos dejando un campo abonado para estafadores. Por ejemplo, si una empresa constructora no acaba o entrega defectuosa la vivienda que una persona ha comprado, a la hora de negociar el conflicto, una de las cosas que la parte vendedora va a poner sobre la mesa en la negociación es que, si vas a los juzgados, te vas a tirar cuatro años paralizado. Esto fuerza a pactos injustos. Y así, no hay economía que pueda ir bien.

martes, 5 de mayo de 2020

Manifiesto por la reorganización de las ciudades tras la COVID-19


lamarea.com

Más de 1.000 personas, muchas académicas, denuncian la urgencia de cambios profundos en las ciudad «para hacer frente a futuros eventos nefastos».

España afronta desde principios de mayo el proceso de desescalada del confinamiento. Una situación post-COVID 19 que se antoja como «una oportunidad única para impulsar medidas —permanentes— para devolver la ciudad a las personas, reorganizar la movilidad, (re)naturalizar y desmercantilizar la ciudad, impulsar el decrecimiento urbano». Así lo defiende un manifiesto dirigido a la ciudad de Barcelona, si bien es «fácilmente adaptable a cualquier ciudad occidental», apunta su responsable.

Su autor es Massimo Paolini, teórico de la arquitectura y miembro de la organización POLLEN-Political Ecology Network, de la Universidad de Copenhagen. El texto, secundado ya por más de 1.000 personas, muchas de ellas académicas, será entregado a la alcaldesa de la ciudad condal Ada Colau presumiblemente antes del 11 de mayo, señala a Climática su impulsor. Entre los firmantes destacan Saskia Sassen, Jorge Riechmann, Manuel Delgado, Joan Benach, Alberto Acosta, Isabelle Anguelovski y Federico Demaria.

Explica Paolini que, «para hacer frente a futuras pandemias y contrarrestar la grave crisis climática que afecta al planeta, es impostergable sustituir la mercantilización de la ciudad por la centralidad de la vida en todas sus formas». Defiende que el manifiesto «no tiene un carácter teórico. No representa una ciudad ideal, que requeriría cambios radicales, sino propuestas concretas, inevitablemente incompletas, para mejorar el status quo». Para lograrlo, el manifiesto demanda que se lleven a cabo una serie de medidas, agrupadas en cuatro puntos. 

El primero se centra en la reorganización de la movilidad, con el objetivo de reducir la contaminación. En este sentido, piden reducir drásticamente «y de forma inmediata» el uso de los vehículos privado, dando el protagonismo a las bicicletas. A su vez, piden impulsar una red de transporte público «altamente eficiente y no contaminante». 

En relación a esto, el Ayuntamiento de Barcelona ya ha iniciado esta semana las obras para ampliar aceras y carriles bicis, además de la mejora de carriles bus. Con este plan, esperan que los viandantes ganen 30.000 metros cuadrados de espacio público. Una acción en línea con la petición que lanzó la semana pasada Teresa Ribera. A través de una carta, la vicepresidenta trasladó a la Federación Española de Municipios y Provincias una serie de propuestas de cara a la desescalada de la crisis sanitaria.

El segundo punto del manifiesto se centra en la renaturalización de la ciudad. Para ello, ven necesario incrementar «de manera importante la superficie destinada al verde urbano», plantar árboles formando canopias, y reducir tanto la cantidad de asfalto como la contaminación lumínica.

La siguiente propuesta se centra en la «desmercantilización de la vivienda». Reclaman una reducción de los precios de los alquileres y del número de pisos turísticos. Además, el texto pide que se impulse la vivienda pública y se garantice que ninguna persona se quede en la calle.

El último punto está dedicado a abordar el decrecimiento económico «a través de una drástica reducción del consumo». Ponen especial atención en el transporte, tanto aéreo y marítimo. Ambos son importantes fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que solicitan que se eliminen los cruceros y que se impidan las ampliaciones de aeropuertos. Asimismo, quieren que se impulse el decrecimiento turístico con medidas como eliminar cualquier inversión para promover la marca Barcelona.

El manifiesto aspira a ser mucho más que un «documento teórico», afirma Massimo Paolini. Para ello, va a promover la creación de un grupo de gestión con el que influir «en las decisiones presentes y futuras del gobierno municipal». «La respuesta a la publicación del manifiesto demuestra que son muchas las personas que comparten una visión profundamente distinta sobre el futuro de la ciudad», remarca.

sábado, 2 de mayo de 2020

La pandemia y el sistema-mundo

Logo de Le Monde diplomatique
por Ignacio Ramonet, Sábado 25 de abril de 2020

A Tony Martínez

UN HECHO SOCIAL TOTAL

Todo está yendo muy rápido. Ninguna pandemia fue nunca tan fulminante y de tal magnitud. Surgido hace apenas cien días en una lejana ciudad desconocida, un virus ha recorrido ya todo el planeta, y ha obligado a encerrarse en sus hogares a miles de millones de personas. Algo sólo imaginable en las ficciones post-apocalípticas…
A estas alturas, ya nadie ignora que la pandemia no es sólo una crisis sanitaria. Es lo que las ciencias sociales califican de “hecho social total”, en el sentido de que convulsiona el conjunto de las relaciones sociales, y conmociona a la totalidad de los actores, de las instituciones y de los valores.
La humanidad está viviendo –con miedo, sufrimiento y perplejidad– una experiencia inaugural. Verificando concretamente que aquella teoría del "fin de la historia" es una falacia… Descubriendo que la historia, en realidad, es impredecible. Nos hallamos ante una situación enigmática. Sin precedentes (1). Nadie sabe interpretar y clarificar este extraño momento de tanta opacidad, cuando nuestras sociedades siguen temblando sobre sus bases como sacudidas por un cataclismo cósmico. Y no existen señales que nos ayuden a orientarnos… Un mundo se derrumba. Cuando todo termine la vida ya no será igual.
Hace apenas unas semanas, decenas de protestas populares se habían generalizado a escala planetaria, de Hong Kong a Santiago de Chile, pasando por Teherán, Bagdad, Beirut, Argel, París, Barcelona y Bogotá. El nuevo coronavirus las ha ido apagando una a una a medida que se extendía, rápido y furioso, por el mundo… A las escenas de masas festivas ocupando calles y plazas, suceden las insólitas imágenes de avenidas vacías, mudas, espectrales. Emblemas silenciosos que marcarán para siempre el recuerdo de este extraño momento.
Estamos padeciendo en nuestra propia existencia el famoso ‘efecto mariposa’: alguien, al otro lado del planeta, se come un extraño animal y tres meses después, media humanidad se encuentra en cuarentena… Prueba de que el mundo es un sistema en el que todo elemento que lo compone, por insignificante que parezca, interactúa con otros y acaba por influenciar el conjunto.
Angustiados, los ciudadanos vuelven sus ojos hacia la ciencia y los científicos –como antaño hacia la religión– implorando el descubrimiento de una vacuna salvadora cuyo proceso requerirá largos meses. Porque el sistema inmunitario humano necesita tiempo para producir anticuerpos, y algunos efectos secundarios peligrosos pueden tardar en manifestarse…
La gente busca también refugio y protección en el Estado que, tras la pandemia, podría regresar con fuerza en detrimento del Mercado. En general, el miedo colectivo cuanto más traumático más aviva el deseo de Estado, de Autoridad, de Orientación. En cambio, las organizaciones internacionales y multilaterales de todo tipo (ONU, Cruz Roja Internacional, G7, G20, FMIOTAN, Banco Mundial, OEAOMC, etc.) no han estado a la altura de la tragedia, por su silencio o por su incongruencia. El planeta descubre, estupefacto, que no hay comandante a bordo… Desacreditada por su complicidad estructural con las multinacionales farmacéuticas (2), la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha carecido de suficiente autoridad para asumir, como le correspondía, la conducción de la lucha global contra la nueva plaga.
Mientras tanto, los Gobiernos asisten impotentes a la irrefrenable diseminación por todos los continentes (3) de esta peste nueva. Contra la cual no hay ni vacuna, ni medicamento, ni cura, ni tratamiento que elimine el virus del organismo (4)... Y eso va a durar (5)... Mientras el germen siga presente en algún país, las re-infecciones serán inevitables y cíclicas. Lo más probable es que esta epidemia no logre pararse antes de que el microbio haya contagiado en torno al 60% de la humanidad.
Lo que parecía distópico y propio de dictaduras de ciencia ficción se ha vuelto ‘normal’. Se multa a la gente por salir de su casa a estirar las piernas, o por pasear su perro. Aceptamos que nuestro móvil nos vigile y nos denuncie a las autoridades. Y se está proponiendo que quien salga a la calle sin su teléfono sea sancionado y castigado con prisión.
El largo autismo neoliberal es ampliamente criticado, en particular a causa de sus políticas devastadoras de privatización a ultranza de los sistemas públicos de salud que han resultado criminales, y se revelan absurdas. Como ha dicho Yuval Noah Harari: “Los Gobiernos que ahorraron gastos en los últimos años recortando los servicios de salud, ahora gastarán mucho más a causa de la epidemia” (6). Los gritos de agonía de los miles de enfermos muertos por no disponer de camas en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) condenan para largo tiempo a los fanáticos de las privatizaciones, de los recortes y de las políticas austeritarias.
Se habla ahora abiertamente de nacionalizar, de relocalizar, de reindustrializar, de soberanía farmacéutica y sanitaria. Se vuelve a usar una palabra que los neoliberales estigmatizaron, acorralaron y desterraron : solidaridad. La economía mundial se encuentra paralizada por la primera cuarentena global de la historia. En el mundo entero hay crisis, a la vez, de la demanda y de la oferta. Unos ciento setenta países (de los ciento noventa y cinco que existen) tendrán un crecimiento negativo en 2020. O sea, una tragedia económica peor que la Gran Recesión de 1929. Millones de empresarios y de trabajadores se preguntan si morirán del virus o de la quiebra y del paro.
David Beasley, Director ejecutivo del Programa Alimentario Mundial (PAM), ha alertado sobre la situación catastrófica que se avecina: “Estamos al borde de una ‘pandemia de desnutrición’. El número de personas que sufren de hambre severa podría duplicarse de aquí a final de año, superando la cifra de 250 millones de personas…” (7). Nadie sabe quién se ocupará del campo, si se perderán las cosechas, si faltarán los alimentos, si regresaremos al racionamiento… El apocalipsis está golpeando a nuestra puerta.
La única lucecita de esperanza es que, con el planeta en modo pausa, el medio ambiente ha tenido un respiro. El aire es más transparente, la vegetación más expansiva, la vida animal más libre. Ha retrocedido la contaminación atmosférica que cada año mata a millones de personas. De pronto, lavada de la mugre de la polución, la naturaleza ha vuelto a lucir tan hermosa… Como si el ultimátum a la Tierra que nos lanza el coronavirus fuese también una desesperada alerta final en nuestra suicida ruta hacia el cambio climático: “¡Ojo! Próxima parada: colapso”.
En la escena geopolítica, la espectacular irrupción de un actor desconocido –el nuevo coronavirus– ha desbaratado por completo el tablero de ajedrez del sistema-mundo. En todos los frentes de guerra –Libia, Siria, Yemen, Afganistán, Sahel, Gaza, etc.–, los combates se han suspendido… La peste ha impuesto de facto, con más autoridad que el propio Consejo de Seguridad, una efectiva Pax Coronavírica
En política internacional, la pavorosa gestión de esta crisis por el presidente Donald Trump asesta un golpe muy duro al liderazgo mundial de los Estados Unidos que no han sabido ayudarse ellos ni ayudar a nadie. China en cambio, después de un comienzo errático en el combate contra la nueva plaga, ha conseguido recobrarse, enviar ayuda a un centenar de países, y parece sobreponerse al mayor trauma sufrido por la humanidad desde hace siglos. El devenir del nuevo orden mundial podría estar jugándose en estos momentos…
De todos modos, la impactante realidad es que las potencias más poderosas y las tecnologías más sofisticadas han resultado incapaces de frenar la expansión mundial de la covid-19 (8), enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2 (9), el nuevo gran asesino planetario.